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Colonia

Colonia es la relajada metrópolis alemana del Rin, donde una catedral gótica construida durante 632 años, mosaicos romanos y tabernas de Kölsch caben en un mismo centro ribereño y caminable.

Lugares en Colonia

Colonia lleva sus 2.000 años con ligereza. Fundada por los romanos a orillas del Rin, arrasada en la Segunda Guerra Mundial y reconstruida con alegre tenacidad, la gran metrópolis renana de Alemania es una ciudad que se entiende mejor a pie y con una historia en los oídos: compacta, ribereña y con tantas capas que casi cada esquina esconde un relato que ninguna placa cuenta. Para eso existen precisamente los tours de audio autoguiados: pasea a tu ritmo mientras la historia de cada monumento se despliega cuando llegas a él.

La catedral y la ciudad medieval

Nada te prepara del todo para la catedral de Colonia. Iniciado en 1248 y terminado recién en 1880 —632 años después—, el coloso gótico de dos agujas se eleva 157 metros, sobrevivió a catorce impactos de bombas mientras la ciudad ardía a su alrededor y custodia el dorado Relicario de los Reyes Magos, que según la tradición guarda sus reliquias. Unos seis millones de visitantes al año la convierten en el monumento más visitado de Alemania; los más en forma suben 533 escalones hasta el mirador. Una audioguía convierte esas cifras en drama: ambición medieval, siglos de parálisis y una carrera decimonónica por rematar la obra.

A los pies de la catedral se extiende el casco antiguo: casas de hastial reconstruidas, la peatonal Alter Markt, las torres apiñadas de Groß St. Martin y un ayuntamiento con más de 800 años de historia. Roma está literalmente bajo los pies: el Museo Romano-Germánico conserva un mosaico de Dioniso exactamente donde los comensales romanos lo admiraban. Los amantes del arte alternan entre el Museo Wallraf-Richartz, con la mejor colección de pintura medieval de Alemania, y el Museo Ludwig, repleto de Picasso, Warhol y expresionismo alemán.

El Rin y el nuevo skyline

Cruza el puente Hohenzollern, con sus barandillas relucientes de miles de candados del amor, hasta el mirador KölnTriangle para la clásica vista de postal de la catedral. Luego sigue el río hacia el sur, pasando el Museo del Chocolate, hasta el Rheinauhafen, donde las tres angulosas Kranhäuser —«casas grúa»— evocan las grúas portuarias que un día trabajaron en estos muelles.

Kölsch, carnaval y el estilo de Colonia

El carácter de Colonia se sirve en vasos de 200 mililitros. En las tabernas cerveceras del casco antiguo, los camareros de delantal azul —los Köbes— reponen tu esbelta Stange de Kölsch en cuanto se vacía, marcando una raya en el posavasos hasta que te rindes. La ciudad también dio al mundo el agua de Colonia —la casa Farina la elabora desde 1723— y cada febrero estalla en uno de los carnavales más desatados de Europa.

«Et hätt noch emmer joot jejange», dicen los locales: al final, todo ha salido siempre bien.

Esa confianza relajada es Colonia en una frase: una ciudad santa a la que le encanta la fiesta, que se disfruta mejor con las historias sonando por el camino.

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