Fukuoka es la ciudad más grande de Kyushu y una de las más agradables para vivir de Japón: una metrópolis portuaria que queda más cerca de Seúl que de Tokio y que ha pasado dos mil años mirando al continente asiático en lugar de a la capital. La Fukuoka moderna nació en 1889, cuando el puerto mercante de Hakata y la ciudad-castillo samurái de Fukuoka se fusionaron a ambos lados del río Naka; las dos mitades aún se sienten distintas, y la mejor manera de escuchar por qué es un audiotour autoguiado, dejando que cada barrio y cada monumento cuenten su propia historia mientras paseas a tu ritmo.
Un puerto mercante con larga memoria
Hakata fue uno de los pocos lugares del antiguo Japón abiertos al comercio exterior, y punto de desembarco de las invasiones mongolas del siglo XIII. Esa historia profunda se esconde a plena vista. En el santuario Kushida, santuario protector de Hakata desde el siglo VIII, una carroza festiva de más de diez metros de altura se exhibe todo el año, a la espera de la carrera Hakata Gion Yamakasa de julio. A pocas calles, el templo Tochoji —fundado en 806 por el monje Kukai— cobija al Fukuoka Daibutsu de 10,8 metros bajo una pagoda escarlata de cinco pisos. En la orilla del castillo, las murallas de piedra de las ruinas del castillo de Fukuoka se alzan junto al estanque bordeado de sauces del parque Ohori, antaño foso del castillo y hoy el paseo matutino favorito de la ciudad. Una audioguía en cada parada devuelve a estos testigos silenciosos el drama que presenciaron: invasiones repelidas, dinastías de mercaderes, un castillo que desapareció.
La capital japonesa de la comida callejera
La verdadera religión de Fukuoka es la comida. Al caer la tarde, decenas de yatai —puestos de comida al aire libre con sitio para apenas siete u ocho personas— se encienden a lo largo del paseo marítimo de Nakasu y por las calles de Tenjin, sirviendo yakitori, oden y el regalo de la ciudad al mundo: el ramen tonkotsu de Hakata, fideos finos en un caldo sustancioso de huesos de cerdo. Apretarse en un taburete entre desconocidos es lo más fukuokense que se puede hacer.
Escapadas fáciles
La ciudad es famosa por su tamaño compacto, y sus alrededores recompensan el trayecto corto: la Torre de Fukuoka junto al mar y las playas de Momochi, los prados floridos del parque costero Uminonakamichi al otro lado de la bahía, el colosal Buda reclinado de Nanzo-in y Dazaifu Tenmangu, el santuario de la deidad del saber, junto al Museo Nacional de Kyushu. Con las audioguías preparadas, Fukuoka vuelve a ser lo que siempre ha sido: una ciudad de encrucijada a la que le encanta contar sus historias a los viajeros.