Casablanca es la ciudad más grande de Marruecos y su motor económico: una extensa metrópolis atlántica de unos 3,7 millones de habitantes donde las torres de cristal, los bulevares de la época colonial y un puerto en plena actividad marcan un ritmo muy distinto al de las ciudades imperiales del interior. No se revela en una sola vista de postal; sus historias se esconden en fachadas, patios y esquinas, y precisamente por eso merece la pena explorarla con audioguías autoguiadas que descifran cada monumento mientras estás frente a él.
Una mezquita sobre el océano
Empieza por la Mezquita de Hassan II, terminada en 1993 y alzada directamente sobre el Atlántico, un emplazamiento inspirado en el versículo coránico según el cual el trono de Dios estaba sobre el agua. Su alminar se eleva 210 metros —durante años el más alto del mundo— y el conjunto puede acoger a unos 105.000 fieles entre la sala de oración y su vasta explanada. Cedro del Atlas Medio, mármol de Agadir, granito de Tafraoute y mosaicos de zellige cortados a mano despliegan todo el repertorio de la artesanía marroquí, y es una de las poquísimas mezquitas del país en las que pueden entrar los no musulmanes. Aquí, una audioguía convierte la pura escala en una historia de ambición, fe y maestría artesanal.
La capital del art déco de África
Casablanca vivió su auge bajo el Protectorado francés (1912–1956), y el resultado es uno de los mejores conjuntos del mundo de arquitectura art déco y neomorisca, un estilo híbrido que mezcla el modernismo europeo con el ornamento islámico. Camina desde la plaza de Mohammed V por el bulevar Mohammed V y deja que la narración te señale fachadas geométricas, balcones de hierro forjado y joyas como el Cine Rialto de 1930. Cerca se alzan la blanca catedral del Sagrado Corazón, neogótica (1930), y la Mahkama del Pachá, un palacio de justicia de los años cuarenta con techos de cedro tallado y patios de azulejos.
Medinas antigua y nueva
Dos medinas muy distintas enmarcan la historia de la ciudad:
- La Ciudad Vieja, una compacta maraña de callejuelas encaladas junto al puerto, conserva huellas de la época portuguesa, cuando la ciudad se llamaba Casa Branca, la «casa blanca».
- El barrio Habous, una «nueva medina» de los años treinta diseñada por los franceses, funde calles ordenadas con arcadas tradicionales marroquíes: el lugar más relajado de la ciudad para comprar dulces, aceitunas y artesanía.
Aire de océano y mito de cine
Termina en el bulevar de la Corniche, el paseo marítimo que corre hacia la playa de Ain Diab, donde los locales surfean, pasean y se demoran en los cafés al atardecer. Y sí: Rick's Café existe, un piano bar en un riad restaurado con patio, abierto en 2004 para dar vida al club nocturno de ficción de la película de 1942. Con una audioguía en los oídos, Casablanca deja de ser una simple puerta de entrada a Marruecos y se convierte en el capítulo moderno más fascinante del país.