El río sigue siendo el escenario principal de Bangkok. En la isla de Rattanakosin, donde el rey Rama I fundó la capital en 1782, deslumbra el complejo del Gran Palacio: patios bañados en pan de oro y azulejos de espejo custodian el Templo del Buda de Esmeralda, la imagen más sagrada del reino, tallada en un solo bloque de piedra verde. Por unos pocos bahts, el ferry te cruza hasta Wat Arun, el Templo del Amanecer, cuyo prang central de 76 metros está incrustado de porcelana y vidrio de colores en caprichosos motivos florales y resplandece al atardecer. Cada parada tiene su propia audioguía, así que la historia de reyes, consagraciones y comercio fluvial suena justo donde estás, y no en una guía que leerás después.