Cinco siglos frente al estrecho de Florida
La Habana es la capital de Cuba y la ciudad más grande del Caribe: un puerto fundado por los españoles en 1519 que se enriqueció como puerta entre las flotas del tesoro del Nuevo Mundo y Sevilla, y que es capital de la isla desde 1552. Cinco siglos después, la ciudad es gloriosamente estratificada: fachadas barrocas y art déco en pasteles desvaídos, autos americanos de los años cincuenta rugiendo junto a las columnatas, son y rumba escapando por las puertas. Recompensa la exploración sin prisa, y un audiotour autoguiado es la forma natural de asimilarla: tú marcas el ritmo sobre los adoquines mientras las historias de cada balcón desgastado y cada fortaleza del puerto se despliegan en tus oídos.
La Habana Vieja, plaza a plaza
El casco histórico, La Habana Vieja, fue inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1982 junto con su sistema de fortificaciones: más de mil edificios de valor histórico en un distrito que, de forma inusual, creció en torno a cuatro plazas principales en lugar de una. La Plaza de Armas era el corazón militar; la Plaza Vieja, el mercado; la Plaza de San Francisco servía al puerto, y la Plaza de la Catedral, a la iglesia: su catedral de San Cristóbal se cuenta entre las obras más finas del barroco cubano. Calles como Obispo y Mercaderes enhebran las plazas entre palacios, bares de ron y pequeños museos; cada monumento del camino tiene su propia audioguía, y el paseo se convierte en una cadena de historias breves y vívidas.
Malecón, fortalezas y la ciudad moderna
Cada tarde la ciudad gravita hacia el Malecón, el paseo marítimo de ocho kilómetros donde músicos, pescadores y parejas se reúnen para ver las olas romper contra el muro al atardecer. Al otro lado de la bocana del puerto se alzan el castillo del faro de El Morro y La Cabaña, la mayor fortaleza que España construyó jamás en América, donde la ceremonia del cañonazo sigue sonando cada noche a las nueve. Tierra adentro, la cúpula de 92 metros de El Capitolio corona el perfil urbano junto al Gran Teatro, sede del Ballet Nacional de Cuba, mientras el Museo de la Revolución —en el antiguo Palacio Presidencial— y el Museo de Bellas Artes narran el turbulento y creativo siglo XX cubano.
La Habana es una ciudad que se escucha tanto como se mira: deja que las audioguías pongan la historia mientras las calles ponen la banda sonora.