Buenos Aires es la grandiosa e inquieta capital de Argentina, extendida a orillas del Río de la Plata: una ciudad cuyos bulevares de la Belle Époque le valieron el apodo de «París de Sudamérica» y donde el tango aún se escapa de los cafés de esquina pasada la medianoche. Fundada en 1536 y refundada en 1580, se enriqueció con la carne y la inmigración, y cada ola —española, italiana, francesa— dejó una capa que todavía se lee en sus calles. Es una ciudad hecha para recorrerla con una audioguía autoguiada en los oídos: casi cada esquina esconde una historia de revolución, ópera o exilio que las fachadas por sí solas no cuentan.
Una capital de drama y grandeza
La vida política gira en torno a la Plaza de Mayo desde 1580 — fue el escenario de la Revolución de Mayo de 1810, y su audioguía recorre dos siglos de levantamientos y concentraciones. En su cabecera se alza la Casa Rosada, el palacio presidencial rosado cuyo balcón hizo famoso Eva Perón. Unas cuadras al norte, el Obelisco se eleva sobre la Avenida 9 de Julio, una avenida de dieciséis carriles; el monumento se erigió en 1936 por el 400.º aniversario de la ciudad. Y el Teatro Colón, inaugurado en 1908, sigue siendo uno de los grandes teatros de ópera del mundo: su acústica casi perfecta llevó las voces de Callas y Pavarotti a unas 2.500 butacas.
Barrios con acento propio
Cruza la ciudad y cambia de carácter cuadra a cuadra. Recoleta es mármol y mansardas francesas, hogar del cementerio fundado en 1822: un laberinto de 5,5 hectáreas con más de 4.600 mausoleos donde descansa Eva Perón, y uno de los paseos más cargados de historias que puede ofrecer una audioguía. San Telmo, el barrio más antiguo, se llena cada domingo de puestos de antigüedades y tango callejero a lo largo de la calle Defensa. La Boca es lo contrario del mármol: casas de estibadores a lo largo de Caminito, pintadas por inmigrantes italianos con sobras de pintura de barcos, a pocos pasos de La Bombonera, el estadio-caldera de Boca Juniors. El frondoso Palermo lo equilibra todo con parques, un rosedal de 18.000 rosales, calles adoquinadas y los cafés y el arte urbano más vivos de la ciudad.
Por qué quedarse
Buenos Aires premia a los curiosos. Curiosea en El Ateneo Grand Splendid, un antiguo teatro palaciego convertido en librería; toma la merienda en el Café Tortoni, que sirve café desde 1858, o asiste a una milonga donde el tango —nacido en los barrios obreros de la ciudad a finales del siglo XIX— todavía se baila, no solo se exhibe. Con una audioguía marcas tú el ritmo: haz una pausa para un espresso, demórate ante un mausoleo y deja que cada lugar te cuente su propia historia por el camino.